Los emojis y la democratización del lenguaje

by Cristina Pérez-Cordón, Ph. D

En el año 2015, el diccionario de Oxford nombró “emoji” la “Palabra del Año”. El 9 de agosto de 2017, Twitter y Naciones Unidas decidieron asociarse para celebrar el Día Mundial de los Pueblos Indígenas con la creación de un nuevo emoji. En ese mismo año, el CEO de Google, Sundar Pichai, explicó a través de un tuit que corregir el icono de la hamburguesa creado por su compañía era una prioridad: el queso aparecía en el lugar equivocado y eso desató la indignación de los chefs más puristas. Al año siguiente, el entonces presidente de Interpol, Meng Honwei, avisó a su esposa de su detención a través de un emoji que representaba un cuchillo. Si todavía te queda alguna duda del enorme poder comunicativo de los emojis, sigue leyendo 😉

El nacimiento de un nuevo lenguaje

Definimos lenguaje como la capacidad que tiene el ser humano de comunicarse a través de un sistema de signos, por ejemplo, el lenguaje matemático, el lenguaje de programación, el lenguaje musical, el código Morse, etc. Cuando se trata de un sistema verbal, recibe el nombre de “lengua” o “idioma”. Con el despegue de la comunicación interpersonal digital, se hizo necesario crear un lenguaje que fuera más allá de las propias palabras y que estuviera al alcance de todos. Esta necesidad dio lugar al nacimiento de los emoticonos, símbolos que representan expresiones faciales creados con signos de puntuación y que suelen leerse inclinando la cabeza: :-), ; – ), :-(. Estos dieron paso a los emojis o emoyis, pequeñas figuras en color (ideogramas) que tienen un valor simbólico. Nacieron de la mano de Shigetaka Kurita, quien creó los primeros 176 emojis en 1999 para NTT DoCoMo, una importante empresa japonesa de comunicación móvil (en la actualidad estos emojis están expuestos en el MoMa de Nueva York). Desde un punto de vista lingüístico, su origen etimológico se encuentra también en el idioma japonés, ya que la palabra está compuesta por los términos e, en japonés: 絵, “dibujo” +moji, en japonés: 文字, “caracter”.

Aunque en teoría este año se cumple el vigésimo aniversario del nacimiento del emoji, esto no es del todo correcto. Dejando a un lado que muchos consideran los jeroglíficos los verdaderos predecesores de los emojis, sabemos que el primer emoji data del siglo XVII, concretamente de 1635, y fue utilizado por el notario eslovaco Jan Ladislaides, quien dibujó una cara sonriente al lado de su firma para indicar que estaba satisfecho con la revisión hecha de los registros financieros de su ciudad. En 1862 el periódico estadounidense The New York Times usó un emoticono para expresar la reacción del público ante un discurso del entonces presidente Abraham Lincoln, y en 1881 Puck Magazine presentó cuatro emoticones: alegría, asombro, melancolía e indiferencia. Por tanto, sería más exacto decir que se cumplen veinte años del establecimiento del emoji como lenguaje visual emocional y de su nacimiento dentro del mundo digital.

 

 

1st pic Oldest emoji
2nd pic The NYT emoticon
Fotos obtenidas de https://tinyurl.com/yd3q7d7sy https://tinyurl.com/ybu9upz6

Pero, ¿de dónde surge esta necesidad de utilizar emojis? ¿Hay una explicación científica?

Habría que comenzar explicando que el ser humano es un ser social por naturaleza y, como tal, necesita comunicarse en mayor o menor medida a lo largo de su vida. Ya desde el mismo momento de su nacimiento, los bebés buscan la manera de establecer contacto para hacer llegar mensajes, ya sea a través del llanto o de las expresiones faciales y corporales, por ejemplo. Podemos decir que comunicarnos está en nuestro código genético. De hecho, los casos documentados de personas que han cortado la comunicación con la gente responden casi siempre a algún tipo de trastorno, como por ejemplo, el síndrome de Hikikomori, que provoca el aislamiento extremo de la persona que lo padece —generalmente para evitar cualquier tipo de presión social— y que tiene consecuencias nefastas para la salud mental y física.

Una de las formas más comunes de socializar es a través de la lengua. Sin embargo, hay dos factores que han hecho que las palabras se vuelvan insuficientes en la comunicación digital y que, por tanto, han disparado la utilización de los emojis como ningún otro lenguaje lo había experimentado antes:

  1. El diálogo digital es internacional: el aumento de las relaciones sociales por internet, especialmente a través de las distintas redes sociales (Instagram, Facebook, Twitter, etc), ha abierto la puerta a la comunicación con personas de diferentes rincones del mundo con las que no necesariamente compartimos idioma. Según el último informe de We are social la mitad de la población mundial está conectada a internet. Teniendo en cuenta que hay aproximadamente 6500 lenguas en el mundo, no es realista pensar que las palabras sean suficientes para construir la comunicación, incluso si aceptamos el hecho -discutible para muchos- de que el inglés es la lengua de comunicación internacional (aunque no sea la más hablada).
  2. Necesitamos comunicar emociones: en casi todas las comunicaciones hay un factor emocional que está presente en mayor o menor medida. Hay muy pocos ejemplos de comunicación espontánea completamente desprovista de emoción. Albert Mehrabian, profesor emérito de la Universidad de California, Los Ángeles, es el autor de la “Regla 7%-38%-55%”. Dicha regla explica que en las comunicaciones de naturaleza emocional, el lenguaje verbal (las palabras escritas o habladas) tiene una importancia muy escasa (concretamente un 7%), mientras que el 38% pertenece al canal paraverbal (es decir, el tono, las pausas, la entonación, el ritmo que imprimimos a la voz) y el 55% a las expresiones faciales. Aunque es cierto que los estudios realizados por Mehrabian para llegar a esa conclusión tienen limitaciones (por ejemplo, solo participaron mujeres y no se tuvo en cuenta el lenguaje corporal al completo) hay que reconocerle que fue un intento de ir más allá del estudio de las palabras y de dar su merecida importancia al componente emocional en la comunicación, hasta entonces un poco olvidado.

 

Teniendo todo esto en cuenta, no es extraño pensar que el uso de los emojis naciera, al menos en sus inicios, como respuesta a la evidente necesidad de representar ese canal paraverbal y ese lenguaje corporal tan importantes para que la comunicación tenga éxito. De hecho, un mensaje con las mismas palabras pero diferentes emojis puede interpretarse de manera muy diferente, y debemos tener en la mente, como regla de oro, que no todo el mundo será capaz de interpretar correctamente nuestros mensajes si no transmitimos de alguna manera nuestras intenciones o emociones, y ahí es donde entran en escena los emojis, tal y como ilustran los ejemplos de la fotografía.

 

3rd Messages with different emojis

A esto se añade que los emojis nos permiten, como decía antes, comunicar mensajes ―generalmente básicos― con personas con las que no compartimos idioma: “me gusta”, “no me gusta”, “ánimo”, “qué bonito/a”, “estoy triste”, “estoy enfadado”. Aunque también encontramos algunos ejemplos de comunicación más compleja: Andy Murray, un usuario de Twitter, documentó el día de su boda en un tuit solo con emojis. Asimismo, el cómico Jordan Peele, narró la película El Resplandor en un tuit, usando únicamente emojis.

 

Como lingüista, es apasionante ver cómo este nuevo lenguaje emocional universal toma forma y sirve para construir nuevos puentes comunicativos que hasta hace un par de décadas eran impensables. Un buen ejemplo de esto es el perfil en Instagram de Saman Vaghefi, íntegramente en persa, que cuenta hasta la fecha con 548.000 seguidores y una media de mil comentarios por cada post, muchos de ellos escritos en persa pero también una buena parte expresados a través de emojis.

 

De la necesidad a la creatividad

 

Pero no solo de necesidad vive el hombre. La creatividad siempre ha tenido un papel esencial en la humanidad: desde las pinturas rupestres, bailes ancestrales y melodías indígenas hasta Banksy, Lady Gaga y los concursos de talentos. Las personas disfrutan con la creatividad, ya sea activa o pasivamente. Un mensaje, sea el que sea, con imágenes, resulta más atractivo, más comunicativo y capta más rápidamente la atención del receptor y, sobre todo, evoca palabras y emociones: dos por el precio de uno, y al alcance de cualquier mano y cualquier bolsillo.

 

Estamos ante la era de la comunicación visual en su forma más democrática, y los emojis ocupan un lugar prominente en este nuevo reinado. Según los datos del Unicode Consortium (sería como el equivalente a la Real Academia de la Lengua para las palabras, entre otras funciones), el crecimiento de los emojis es brutal, muchísimo mayor que el de cualquier lengua y cualquier lenguaje hasta hoy. Existen actualmente 2789 emojis oficiales, y el número sigue creciendo.  Y no solo evolucionan en número: son, además, cada vez más inclusivos (por ejemplo en cuanto al género y los modelos de familia), más responsables ( la pistola realista fue sustituida por una pistola de agua) y más oficiales (recientemente se han admitido emojis en juicios como pruebas).

 

Seamos, pues, conscientes y responsables y disfrutemos al máximo de este nuevo lenguaje que nos ofrece dos de las más codiciadas características de todos los tiempos: la universalidad (comunicación entre personas de todo el mundo, una especie de esperanto emocional digital) y la democratización, porque no está reservado para un puñado de privilegiados.

 

Y tú, ¿hablas emoji? 🙂

 

Fuentes consultadas

 

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