Prosumidor responsable vs. Pinocho digital

by Cristina Pérez-Cordón, Ph. D 

Hace algunos años compré por internet una máquina de ruido blanco para poder dormir mejor por las noches. El aparato llegó estropeado, así que escribí una valoración negativa en internet. Al día siguiente, recibí un correo electrónico de la empresa que fabrica las máquinas para disculparse y para ofrecerme una nueva sin coste adicional a cambio de que editara mi valoración explicando la reacción positiva de la empresa ante el problema. Ambos cumplimos nuestro acuerdo, ellos no vieron sus ventas perjudicadas y yo duermo mejor por las noches. Dos semanas más tarde, una empresa de vitaminas contactó conmigo ofreciéndome un buen lote de melatonina totalmente gratis (una hormona reguladora del sueño) a cambio de que escribiese una valoración positiva en internet. Tras vivir mi momento Snap “I’ve got the power”, les dije que no.

¿Qué es un prosumidor?

La palabra “prosumidor” nace de la unión de las palabras “consumidor” y “productor”, y designa a aquellas personas que consumen y producen al mismo tiempo. Esta palabra apareció por primera vez en 1979 de la mano del visionario estadounidense Alvin Toffler en su libro La tercera ola, aunque ha sido en la última década cuando ha adquirido su plena dimensión social. Hoy en día, cualquier usuario de internet es, de manera natural, un prosumidor. Consumimos contenido insaciablemente, pero también lo producimos cuando subimos una foto a Instagram, cuando publicamos contenido en Facebook, cuando comentamos un vídeo en YouTube, cuando tuiteamos o retuiteamos, cuando reenviamos una noticia por WhatsApp, cuando escribimos una valoración de un producto o de un servicio, etc.

La capacidad de prosumir en la red es universal, fácil, inmediata y gratuita, lo que confiere un gran poder a cada persona sin importar su estatus social, su nivel de educación ni sus intenciones: nunca antes prosumir fue tan democrático. Dicha democratización facilita la propagación masiva del conocimiento y la información. Sin embargo, también podemos hacer un mal uso de ella, propagando la desinformación y provocando la manipulación: tenemos la opción de alterar la realidad de forma anónima, creíble y a gran escala. Recordemos, por ejemplo, el caso del restaurante que llegó a ocupar el número 1 en Trip Advisorsin ni siquiera existir. Su “propietario”, el periodista de la revista ViceOobah Butler, puso en marcha esta maquinaria para poner en evidencia el lucrativo negocio de las reseñas falsas y hasta qué punto podemos ser manipulados.

Un fenómeno con solera

Antonio López de Zuazo en su Diccionario del Periodismo(1978) define una noticia como un “hecho o acontecimiento verdadero, inédito y actual de interés general que se comunica a un público masivo”; Mariano Cebrián en el Diccionario de Radio y Televisión(1982) la define como “comunicación veraz, actual e interesante que se hace a un público de un suceso, de una opinión, de una persona”. Sin embargo, sabemos que muchas veces se producen contenidos falsos que consumimos y expandimos casi sin ser conscientes de ello. Las razones pueden ser diversas y convergentes: obtener un beneficio a cambio de una reseña falsa, dar publicidad a una empresa, manipular la opinión ciudadana para ganar defensores o detractores de alguien o algo, abogar por una causa, movilizar a un sector de la población, o por mera diversión.

Pensemos, por ejemplo, en las llamadas fake newso noticias falsas, cuyo impacto puede cambiar incluso el rumbo de la historia. Así, en las campañas políticas de los últimos tiempos, la desinformación provocada por noticias falsas ha jugado un papel extremadamente importante. El periódico estadounidense The New York Times, en su artículo WhatsApp para contener las noticias falsas en las elecciones brasileñas, explica que “de una muestra de más de cien mil imágenes políticas que circularon en esos 347 grupos, seleccionamos las cincuenta más compartidas. Las analizó la Agência Lupa, considerada la principal plataforma de verificación de datos en Brasil. Ocho de esas cincuenta fotografías e imágenes resultaron ser completamente falsas; dieciséis eran fotos reales sacadas de contexto o relacionadas con datos distorsionados; cuatro eran afirmaciones sin sustento que no provenían de una fuente pública confiable. Eso significa que el 56 por ciento de las imágenes más compartidas eran engañosas. Solo el ocho por ciento se consideró completamente veraz”. Esto es especialmente relevante si tenemos en cuenta que el 44% de los votantes en Brasil usa WhatsApp como medio de información electoral y política.

Quizás pensemos que esto es un fenómeno nuevo posibilitado por el poder de las redes sociales, pero lo cierto es que es tan antiguo como la humanidad misma. El periodista Simon Parkin, en su artículo The Never-Ending War on Fake Reviewspublicado en mayo de 2018 en The New Yorker, explica cómo en 1881 el famoso poeta estadounidense Walt Whitman escribió de forma anónima múltiples reseñas positivas de su primer volumen de poesía, Leaves of Grass, para contrarrestar las terribles críticas que el libro recibió en la prensa.

Del mismo modo, Néstor F. Marqués explica en su libro Un año en la antigua Roma: La vida cotidiana de los romanos a través de su calendario, que en la antigua Roma “no todo el mundo sabía leer o escribir, por lo que la información visual era muy importante. La forma más rápida de difundir la llegada de un nuevo emperador era acuñar monedas con su cara”. El autor pone el ejemplo del emperador Septimio Severo, quien para legitimar su poder, decidió extender la idea de que estaba emparentado con el ya fallecido emperador Marco Aurelio. Con el fin de reforzar este falso argumento, acuñó monedas en las que pidió que se le retratara con unos rasgos muy parecidos a los de Marco Aurelio, como muestran estas dos fotografías.

 

Imágenes obtenidas de https://www.tesorillo.com/altoimperio/septimio_severo/septimio_severo.htmy https://joyasymonedas.com/marco-aurelio-vida-obra-monedas/

Pero, ¿por qué somos tan proclives a consumir contenidos falsos?

Hay diferentes razones, pero las más frecuentes son:

– La posverdad. Fue elegida “palabra del año” en 2016 por el diccionario Oxford y se define como la distorsión deliberada de la realidad con el fin de modelar opiniones y crear determinadas actitudes sociales. Esto se logra presentando la información de tal manera que los hechos objetivos importen menos que las emociones que provocan. En otras palabras, si una historia me hace sentir una emoción fuerte y, además, dicha emoción encaja con mi forma de pensar, simplemente me la creo, sin plantearme si los hechos que se cuentan son verdaderos o no. Está comprobado, además, que si esas emociones son el humor o la ira, el efecto es mucho mayor, y si las combinas, tienes la propagación masiva descontrolada asegurada.

– La síndrome de “la conclusión invertida”. Cuando queremos formarnos una opinión, es recomendable aplicar el pensamiento crítico, que consiste en leer e informarse sobre un tema a través de diferentes fuentes fiables para después reflexionar y contrastar datos de modo que finalmente pueda llegar a una conclusión responsable. Sin embargo, hay una tendencia a hacer justamente lo contrario: yo ya tengo una opinión (fundamentada o no) y solo leo y me creo las noticias que la respaldan. Si una noticia me hace cuestionarme mi opinión, la descarto e incluso la desvirtúo (por ejemplo, creando un meme). Si siempre lees el mismo periódico y siempre escuchas a la misma gente, es posible que te esté sucediendo esto.

-El placer de la interacción, del contacto, de la risa o la lágrima compartida. Que nos gusta compartir historias con los amigos no es nada nuevo, simplemente ahora lo hacemos de manera virtual y masiva.

¿Cómo calibrar la maquinaria de responsabilidades?

Es fácil pensar que el culpable de un contenido falso es aquella persona que lo crea. Sin embargo, debemos plantearnos si cada vez que reenviamos o compartimos una información lo estamos haciendo de manera responsable. Lo cierto es que la mayoría de las veces, no. Apenas nos molestamos en pensar si lo que compartimos puede ser un bulo. Tampoco nos paramos a reflexionar en las posibles consecuencias, a veces trágicas, como el caso del linchamiento mortal que se produjo en Bogotá tras difundirse por WhatsApp una noticia falsa que relacionaba a la víctima con el secuestro de niños, tal y como recoge la BBC. Esto significa que la responsabilidad social de la falsa información no recae solamente en quien la ha escrito, sino también en quienes la difunden.

A la luz de esta nueva realidad, muchos gobiernos han tomado cartas en el asunto. Así, la Unión Europea creó una comisión con 40 expertos (los StratComs) en redes sociales y comunicación con el fin de combatir las desinformación a través de diferentes medidascomo la autorregulación y la transparencia en el uso de algoritmos para la selección de noticias de las grandes plataformas, además de premiar el periodismo de calidad y apostar por la educación (esto último supondría incluir este tipo de formación en escuelas y centros de enseñanza).

Sin embargo, más allá de la responsabilidad gubernamental, existe la responsabilidad individual. Aquí tienes algunas buenas prácticas que pueden ayudarte.

Contra las falsas reseñas.

  1. Desconfía de los productos o servicios que tienen numerosas valoraciones con la máxima puntuación. Puedes usar detectores de reseñas falsas como FakeSpoto ReviewMeta.
  2. Nunca aceptes productos o servicios gratis a cambio de valoraciones positivas.
  3. Mira la fecha. Si hay muchas valoraciones positivas en fechas muy cercanas, es muy probable que sean falsas.
  4. Examina el lenguaje: si es muy exagerado, si está escrito de forma extraña o si el comentario es extremadamente breve, no es fiable.

Contra las falsas noticias:

  1. Aprende a desconfiar: los titulares alarmistas, las imágenes sensacionalistas, las palabras radicales, las faltas de ortografía y la redacción pobre son siempre señales de alarma.
  2. Verifica la fuente (el autor o el medio). Puedes usar elFact Checkingde Google o acudir a páginas verificadoras de noticias comoTruth or Fiction, Maldita.eso Verifikando.
  3. Diferencia la realidad de la sátira. Recuerda que algunos periódicos como El Mundo Todayo The Onionsolo publican noticias falsas con fines humorísticos.
  4. Contrasta: busca la misma información en otros medios de comunicación fiables. Si no lo nombran, es muy probable que el contenido sea falso.
  5. Activa el pensamiento crítico: lee/escucha/mira la noticia en diferentes medios (incluso los que no encajan con tu forma de pensar), contrasta los datos, comprueba las fechas, los nombres, las cifras, etc. Recuerda que una noticia incluya datos exactos no significa que estos sean verdaderos.

Conclusión

Es importante educar al prosumidor contribuya en la sociedad o, al menos, no cause daños personales o sociales. Debemos asumir nuestra responsabilidad, hacer un esfuerzo y pensarlo bien antes de dar al botón de compartir para no alimentar esa maquinaria perversa de la desinformación que nos convierte en Pinochos digitales. Ahora te invito a que pongas a prueba tu capacidad para detectar noticias falsas. ¿Te atreves? ¡Adelante!

 

Fuentes consultadas (además de los enlaces incluidos)

https://elpais.com/cultura/2018/06/08/actualidad/1528467298_389944.html

https://www.blog.andaluciaesdigital.es/detectar-fake-news-claves-plataformas/

https://www.newyorker.com/tech/annals-of-technology/the-never-ending-war-on-fake-reviews

https://elpais.com/cultura/2018/06/08/actualidad/1528467298_389944.html

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