Algo se muere en el alma cuando una lengua se va

By Cristina Pérez-Cordón, Ph. D

El idioma navajo es la base del único código militar que fue totalmente imposible descifrar en su época. Es extremadamente complejo, se dice que es imposible de dominar si no lo aprendes desde pequeño. Tiene cuatro tonos, no tiene adjetivos, cuenta con más de cuarenta sonidos vocálicos y consonánticos (frente a los veintidós del español) y una forma totalmente diferente de construir las frases y conjugar los verbos. Estos últimos no solo tienen en cuenta el sujeto, sino también el objeto. Así, el verbo varía en función de las características del objeto en cuestión, que se clasifican hasta en 11 tipos, por ejemplo, “sólido redondo”, “alargado flexible”, “alargado rígido”, “viscoso”, “plano flexible”, “animado”, etc. Esto supone, por ejemplo, que el verbo para sostener un palo es diferente al verbo para sostener una hoja; pero el verbo para sostener barro es el mismo que para sostener una rana (porque ambos son viscosos). Actualmente es la tribu más numerosa de los EE.UU después de los Cherokee.

La riqueza comunicativa de los pueblos indígenas

Las personas se comunican a través del lenguaje, que explicado de manera sencilla, es un sistema de signos que permite transmitir información. En el caso de los pueblos indígenas es particularmente rico y va más allá de las propias palabras: las señales de humo, capaces de transmitir mensaje complejos y codificados; los símbolos jeroglíficos; el lenguaje de los tambores, que permite comunicar mensajes a kilómetros de distancia; o los más de 70 idiomas enteramente silbados, capaces de comunicar mensajes a través de densos bosques y montañas o, incluso, de permitir a las personas indígenas conversar con un pájaro para que este las guíe hasta colmenas repletas de miel.

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Imagen obtenida de http://tustareasdesociales.over-blog.es/2015/01/la-escritura-maya.html

La riqueza de la comunicación indígena también reside en que sus lenguas no son simplemente palabras, sino las únicas depositarias de una cultura ancestral, de un conocimiento milenario y de una percepción particular del mundo. Son un verdadero catálogo médico, con remedios medicinales que de otra manera no podríamos saber. Son, además, una enciclopedia biológica que nos brinda la oportunidad de conocer especies de plantas y animales hasta ahora desconocidas para nosotros. Son, en definitiva, la expresión de una forma única de pensamiento que representa una manera irremplazable de relacionarse con el entorno.

La lengua como molde del pensamiento

Pero, ¿realmente las lenguas moldean nuestro cerebro? Sí, existen pruebas científicas que así lo avalan[1]. Por ejemplo, está demostrado que los hablantes de chino cuando leen los caracteres de su idioma activan y conectan partes de su cerebro diferentes a las que activan aquellas personas que hablan inglés. Del mismo modo, al escuchar un discurso, los circuitos cerebrales que se activan en los hablantes de chino (una lengua principalmente tonal) y en los hablantes de inglés (una lengua principalmente fonética) son diferentes. Las resonancias magnéticas demuestran que los mapas cerebrales que tejemos para conectar el lenguaje con el significado varían en función de nuestra lengua nativa. Es esperable que esto tenga cierto impacto, pues, en nuestra forma de ver,  comprender e interpretar el mundo, sus significados y sus estímulos.

Veamos otro ejemplo. Las personas que hablan español escriben y ordenan las secuencias de izquierda a derecha. Así, si nos dieran las fotografías de la vida de una persona desde que nace hasta que muere y tuviéramos que ordenarlas cronológicamente, lo haríamos de manera instintiva de izquierda a derecha. Esto no es exclusivo del español, es el caso de muchas otras lenguas. Sin embargo, algunas tribus australianas establecen este orden cronológico de este a oeste, esto es, siguiendo el camino de la salida hasta la puesta del sol. Por esta razón, la ordenación cronológica de esa misma secuencia de fotografías cambia en función de la posición de la persona. Este hecho revela, entre otras cosas, una estructura conceptual diferente y unas habilidades distintas entre los hablantes de estas lenguas (la mayoría de nosotros no tiene necesariamente automatizado ni interiorizado dónde está el este y dónde está el oeste).

El peligro, a la vuelta de la esquina

De las casi 7000 lenguas que hay en el mundo, 6400 son lenguas indígenas y, lamentablemente, el 40% de ellas está en vías de desaparición. Estas lenguas suelen manifestarse oralmente, por lo que si dejan de hablarse, perderemos también toda la riqueza y conocimiento ancestral que atesoran.

Por este motivo, en el año 2016, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución a través de la cual se proclamaba el año 2019 como el “Año Internacional de las Lenguas Indígenas”. Los objetivos son varios. Por un lado, se busca sensibilizar a la opinión pública sobre los riesgos a los que cada día se enfrentan estas lenguas, cada vez menos habladas. Se dice que cuando los niños de una tribu o de un pueblo comienzan a dejar de hablar su lengua es cuando esta comienza a morir. Esto representa un gran reto, ya que la primera lengua de una persona es aquella en la que se escolariza, y no la que habla en casa con su familia. Por ello, es fundamental que los sistemas escolares incluyan en su curriculum, cuando corresponda, el aprendizaje y uso de las lenguas indígenas correspondientes.

Por otro lado, también se pretende hacer ver a la gente el gran valor que tienen las lenguas indígenas como vehículos de la cultura, de los sistemas de conocimiento y de los modos de vida de los pueblos que las hablan.

Por último, las lenguas indígenas desempeñan un papel crucial para que las comunidades de hablantes puedan expresarse de forma plena y asuman su destino, además de participar en la vida económica, cultural y política de sus respectivos países.[2]

Conclusión

Habremos dado un gran paso como habitantes de este planeta si comprendemos que cuando una lengua muere, también lo hace una parte de ese pueblo. Al fin y al cabo, lengua y cultura son inseparables. Tristemente, quizás con el tiempo, la tribu Soliga de la India deje de ser capaz de reconocer a los animales por su olor o de interpretar el estado de ánimo de un elefante mirando la posición de su trompa. Los pueblos aborígenes australianos quizás dejen de tener una visión cuatro veces superior a la media, desarrollada para reforzar sus técnicas de caza. Es posible que los Sherpas del Himalaya pierdan con su lengua su forma de comprender las montañas y ya no puedan ayudarnos a escalar el Everest. O quizás perdamos la oportunidad de aprender a desestresarnos con los Hadza de Tanzania, una tribu con más de cien mil años de existencia que goza de una extraordinaria cantidad de tiempo libre al día, que carece de posesiones, que vive en armonía sin líder alguno y que presta cero atención a las medidas temporales de años, meses, días u horas porque para su gente, simplemente, esto no es importante.Quién sabe. En cualquier caso, queda claro que algo se muere en el alma cuando una lengua se va.

Fuentes consultadas

https://e360.yale.edu/features/linking_twin_extinctions_of_species_and_languages

https://www.nationalgeographic.com/magazine/2009/12/hadza/#close

https://www.survivalinternational.org/articles/3567-indigenouslanguages

https://www.survivalinternational.org/articles/3567-indigenouslanguages

https://pueblosoriginarios.com/lenguas/navajo.php

https://takelessons.com/blog/language-facts-z14

https://www.weforum.org/agenda/2015/02/how-the-language-you-speak-changes-your-brain/

[1]Ge, Jianqiao & Peng, Gang & Lyu, Bingjiang & Wang, Yi & Zhuo, Yan & Niu, Zhendong & Hai, Li & Leff, Alex & Gao, Jia-Hong. (2015). Cross-language differences in the brain network subserving intelligible speech. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. 112. 10.1073/pnas.1416000112.

[2]Presentación del Año Internacional de las Lenguas Indígenas 2019, publicado en la página web oficial de la UNESCO:https://es.unesco.org/news/presentacion-del-ano-internacional-lenguas-indigenas-2019

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